El inicio

– Tienes 32 minutos para hacerte esa maleta (de cabina).

– ¿Qué dices? Venga hombre, estás de coña.

– Haz lo que quieras. Si no vienes, me marcho solo.

– ¿Lo dices en serio? ¿A dónde vamos?

– Lo sabrás en un rato. ¡Carretera y manta!

Y el destino era Roma. Ella no se olió nada mientras él preparó el viaje. Para ello tuvo que deshacer planes que ella tenía, incluso una entrevista de trabajo, a sus espaldas. Robándole el móvil con nocturnidad y alevosía. La excusa, los exámenes de la UNED que hacían que se acostara cuando ella ya estaba soñando hacía un buen rato.

El viaje a la ciudad eterna dio para mucho. Fueron días de grandes pateadas y de alucinar juntos con una ciudad que es una obra de arte en sí misma. El tercer día, después de cenar, la llevó a la Plaza Navona. En realidad iban allí todas las noches para ver los cuadros de los artistas. Esa tercera noche, a él se le antojó sentarse en la fuente de Neptuno (no es causalidad, es colchonero). Se agachó, sacó una cajita azul del bolsillo de su pantalón y sin pronunciar palabra y con los ojos arrasados se lo dio. La cara de ella fue la máxima expresión de la sorpresa.

– ¿Qué significa esto?

– ¿Sí o no?

– ¡Sí, claro que sí!

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3 pensamientos en “El inicio

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